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Leslie in Wenatchee, WA Leica Q2 Mono SUMMILUX 1:17/28 ASPH ISO200 F7.1 1/125 EV0.6

Volumen 1, Edición 3 (Ahora en Español): Leslie y la Persistencia de la Luz

January 16, 2026

A veces, la bruma que opaca nuestros pensamientos nos obliga a confrontar la soledad y la tristeza. Antes que nada, quiero ser claro: escribo este blog para mí. Es mi catarsis; una forma de desvanecer o lidiar con lo vivido a través de las palabras y el lente.

Mi primer recuerdo de Leslie es borroso. Tenía unos cuatro años y, honestamente, nunca presté atención al embarazo de mi mamá. No recuerdo haber visto a una bebé en la casa; simplemente, de repente, ella ya estaba ahí, reclamando mi atención y, para mi pesar, mis juguetes.

De mis ocho hermanas, Leslie —a quien de cariño le llamo Nakaranda o La Escoba— fue la penúltima. Nuestra relación ha pasado por todas las estaciones. De niños, tuvimos mil interacciones: buenas, malas y crudas. A veces encontraba en ella a una amiga, y otras veces la trataba como el "hermanito" que yo quería. Pero el juego cambió cuando dejamos de ser niños.

Recuerdo el momento exacto en que dejé de ser solo un hermano para convertirme en su protector. Fue después de una llamada: un cholo buscando a mi hermana en casa cuando ella solo tenía 16 años. Ese fue el fin de nuestra infancia compartida en San Diego. Vivíamos en un rancho llamado Irish Oaks y después en un trailer park cerca de un barrio pesado que apodaban "Little TJ" o Tijuanita. En esos pasillos de tierra y metal, aprendí que mi rol era cuidarla.

Leslie en Club Tangaloo, Tijuana BC Mexico 07.16.06

Hubo una época de brillo. En la preparatoria, ella y mi exnovia Ana se unieron al Ballet Folklórico. Era increíble verla así, llena de vida y movimiento. Pero el destino nos separó de forma abrupta. Después de graduarme, el Paradise Fire en 2003 me obligó a mudarme, lo que eventualmente me trajo al norte de California. Fue entonces cuando la salud de Leslie dio un giro trágico.

Los doctores descubrieron que su estómago se estaba desplazando detrás de su corazón, provocándole un reflujo ácido constante. Desde esa primera cirugía, los años se han convertido en un torbellino de intervenciones. Nunca me he podido acostumbrar a verla así: delgada, débil, como si fuera una versión distinta de la hermana con la que crecí. Recuerdo la primera vez que estuve con ella en el hospital; nunca había visto a mi madre llorar tanto. En ese llanto entendí mi lugar: yo tenía que ser la piedra.

Leslie in Wenatchee, WA Leica Q2 Mono SUMMILUX 1:17/28 ASPH ISO200 F7.1 1/125 EV0.6

Recientemente viajé a Washington, donde vive ahora con mi madre y mis hermanas Tessy y Monserrat. Tuve la oportunidad de fotografiarla con mi Leica Monochrom Q2. El clima allá suele ser gris y opaco, una atmósfera que a veces parece reflejar la pesadez de su lucha. Pero mi intención al capturarla fue otra: buscar la belleza en medio de lo sombrío.

Al mirar por el visor de la Q2, no vi a una paciente; vi una flor capaz de crecer en medio del caos. A pesar de los retos —el tubo de alimentación, las fluctuaciones de peso, las cirugías de espalda y esa soledad que a veces intenta llenar con cosas materiales— Leslie resiste.

Su historia me enseña que el enfoque de la vida no siempre es nítido. A veces es borroso, a veces duele, pero la imagen final es de una perseverancia innegable. Esta entrada es para ella, por su fuerza, y para mí, para no olvidar que incluso en el clima más gris, la luz siempre encuentra por dónde filtrarse.

Ignacio Perez

Leslie in Wenatchee, WA Leica Q2 Mono SUMMILUX 1:17/28 ASPH ISO200 F7.1 1/125 EV0.6

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